La selva amazónica no es el paraíso que suponen quienes no la conocen, pues su equilibrio es muy frágil. Muchos miles de años han sido necesarios para que la naturaleza haya convertido en fértil una tierra arcillosa pobre o casi nula en nutrientes para las plantas.
Las plantas son nutrientes de las plantas, cuando las primeras mueren, sirven como parte de abono para las siguientes; así sucede en la selva, pues la superficie es depósito de ese milenario humus orgánico, que hace propicia la tierra para que albergue cientos de colonias de variadísimas plantas, que dan vida, a la vez, a los animales.
La selva amazónica tiene una exuberante vegetación que alberga animales de costumbres diurnas y nocturnas, que llenan el ambiente de un sinnúmero de sonidos, descifrables sólo para el nativoque la habita.
El hombre que por miles de años la puebla, está en contacto íntimo con la naturaleza y forma parte de ella, no la daña, la sabe aprovechar sabiamente, y sabe, así mismo, que para hacer agricultura, cuando elige un área, debe desyerbar, cortar matorrales talar algunos árboles, los de copa más frondosa los respeta, pues sabe que esos árboles defenderá a la tierra de las fuertes lluvias y evitará que el agua se lleve el nutriente humus orgánico. Quien no respete esta ley de la naturaleza convertirá a la selva en un desierto de arcilla, como es lo que está sucediendo en muchos sectores invadidos por gente que no conoce de esa fragilidad de la selva.
Es muy probable que la amazonía lo poblara el hombre en varios flujos y que surcaran los ríos más importantes. El grupo Pano llegó en oleadas constantes al río Ucayali y a sus afluentes. En la fase más antigua Tutishcainyo (2,000 - 500 a.C.), su cerámica tuvo intrusión en el estilo Wayra Jirka (viento de la montaña sagrada) del inicio de la cultura Kotosh en Huánuco, uno de los complejos cerámicos más antiguos del Perú.
Interesante acercamiento temprano de la selva con la sierra.
La familia lingüística Pano, fue muy extensa y hasta hace pocos años comprendía treinta lenguas; actualmente están repartidas en tres países: Bolivia, Brasil y Perú. En lo relativo a nuestro país, se encuentran los siguientes grupos: Amahuaca, Capanahua, Cashibo, Cashinahua, Isconahua, Mayoruna, Pisabo, Sharanahua, Shipibo-Conibo y Yaminahua.
De este interesante grupo etnolingüístico, destaca, sin lugar a dudas, por su hermosa cultura material, los Shipibos, sus bellos diseños y a la vez enigmáticos están presentes en sus objetos artesanales.
Es a mediados del siglo XVII que comienzan a ingresar expediciones misioneras, los primeros fueron los franciscanos, aunque después surgieron fuertes rivalidades con los jesuitas, pero debemos de tener en cuenta que la "conversión de almas", de los nativos de todo el nuevo continente, significaba para los salvadores un salario proporcional al número convertido para la religión católica. La irrupción de la cultura occidental ha menoscabado su estructura tradicional, bien sea por la espada o por la cruz y se les despojó de sus mejores terrenos.
Hubo una época en que olvidándose de los odios ancestrales, tribus rivales se unieron para rechazar a los invasores. Por esas épocas a los indómitos shipibos se les conocía como los callisecas. Quizás si la etapa de rebeldía que alejó a los españoles de la selva fue la del cusqueño Juan Santos Atahualpa (1742), quien dirigió un poderoso movimiento de liberación en esta zona inhóspita y nunca totalmente dominada ni por incas ni por españoles. Debelada la rebelión en 1760, nuevamente vuelven los franciscanos reemprendiendo su labor evangelizadora.
La expansión capitalista, es la que realmente decide la explotación de la selva, pues la revolución industrial necesitaba de materia prima: resinas, maderas para construcción, maderas finas para aceites y perfume y, finalmente, lo que realmente decide una etapa funesta: el caucho, a partir de 1862 se inicia la explotación masiva del caucho.
Los neumáticos de los vehículos automotores son a base de caucho. En 1918 las plantaciones de Ceilán, Singapur y Malasia, inician la caída de la primacía del caucho de origen amazónico. Las correrías, nombre con que se conocían a las incursiones a las aldeas de los chunchos, nombre despectivo con que hasta ahora se denomina a los nativos selvícolas. Se aprovechaba el odio ancestral de las diversas tribus y se armaban a unas para atacar a las otras, de esa manera se encontraba mano de obraespecializada y, sobre todo, gratuita. Muchas etnias fueron realmente arrasadas en esta época, desapareciendo tribus enteras.
El siglo XX, encuentra a los shipibos que habían integrado los conibo y a los shetebo. En la década del 40 se abre una carretera de penetración desde Lima hasta Ucayali. Al cruzar la cordillera azul, desde la altura, llamado Previsto, se divisa un macizo rocoso, que los ingenieros de caminos tenían que bordear, por sus características morfológicas, lo que significaba un mayor costo en la construcción de la carretera y a la vez un camino más largo. Simón Bolívar Odicio, conocido como el Curaca civilizador de los cashibos, quien había sido cautivo y criado por los shipibos, llevó a los constructores de la carretera por un abra conocido como el Boquerón del Padre Abad, lo que significó una fuerte economía para el Estado, además que la carretera tuvo que cruzar por el río Aguaytía, tierra de los cashibos. La carretera llega al río Ucayali a un antiguo caserío shipibo y se crea la ciudad de Pucallpa (tierra roja, voz quechua) y de esta manera esto grupo tribal tiene un contacto permanente con el resto del territorio peruano.
Aunque debemos de advertir que este hecho no es propicio para el natural desarrollo de los shipibos, pues no se respeta sus valores e idiosincrasia y se les intenta someter, so pretexto de una pretendida integración, La cultura espiritual de los pueblos selváticos, sus concepciones religiosas y su mitología, son los elementos básicos que dan sentido a su arte. Por eso es que sus decoraciones tienen un hondo contenido simbólico, inextricable para quien desea imponer otro moldes conceptuales al estudio de sus caracteres.
Lo más notorio de la artesanía shipiba es la cerámica, desde los objetos más pequeños como es la pipa o minúsculos platos, hasta los grandes cántaros que sobrepasan los 120 centímetros.
La cerámica es un trabajo netamente femenino. La arcilla mapo, es muy plástica y tienen que mezclarla con la ceniza de la corteza del árbol
apacharama, mei, (Licania utilis), o del pachaco, oban, y también con chamote, que se obtiene de fragmentos de cerámica reducidos a polvo, que actúan como elemento antiplástico o desgrasante, estos elementos lo mezclan con agua en un recipiente de arcilla. La ceramista, mapo acai, amasa pacientemente la arcilla hasta lograr una masa uniforme, que luego convierte en tiras cilíndricas, como si fueran chorizos llamados illaya.
Esta técnica es conocida universalmente como colombina; primero prepara una base circular con arcilla y seguidamente coloca las tiras en espiral alisando la parte interna y externa con un fragmento de tutumo (crescentia cujete). Cuando los objetos modelados son pequeños se hacen en una sola sesión, pero si son medianos o grandes, se deben hacer en dos o tres sesiones. Las capas de arcilla son delgadas, razón por lo que en poco tiempo secan. El secado de la pieza ya modelada se debe hacer a la sombra durante un par de días para después alisarla con un canto rodado llamado rencati.
La decoración cuando es cromática, se hace con engobe, la carra de color es, como en la mayoría del país, de cuatro: blanco cremoso, maaosh, ocre rojo joshin manshinti, pardo oscuro, itanhuana y ocre amarillo, panshin manshinti.
Antes de proceder a la decoración, la superficie elegida deber ser recubierta con un baño de engobe para cubrir la porosidad de la arcilla, para lo cual generalmente se usa el blanco cremoso o el ocre rojo, el que se aplica con brocha o de la manera tradicional, con una mota de algodón. Las líneas se hacen con pincel, si son construidos por ellos constará de cabellera humana.
La decoración es lineal y el contenido está referido al cosmos, en la estructura mental del shipibo todo lo que está arriba en el cielo está abajo en la tierra y ambos, a la vez, se reflejan mutuamente; las constelaciones son los ríos de la selva, las líneas delgadas demarcan el ancho de los ríos y las líneas gruesas, que están en medio de las delgadas, es el camino d la canoa, conducida por el sol, bari al cual imaginan antropomorfo, vestido con túnica talar, tari, y acompañado de dos gallinazos que le sirven de remeros.
Los que vivimos en el hemisferio sur nos guiamos por la Constelación de la Cruz del Sur, pues la vástago mayor señala el polo sur. Esta constelación está representada en todas las culturas prehispánicas del Perú. También está presente en los tejidos y ceramios de los shipibos, quienes le dan el nombre de Sapuen notapa, que significa Constelación del Manatí. Según el mito de su origen el Dios Bari, sol, cogió el esqueleto de un enorme manatí, sapuen y lo arrojó al cielo para que les sirviera a los hombres de orientación y a la vez para que pudieran ser tan buenos pescadores como él. Es de conocimiento universal que en las noches de cielo despejado es más fácil pescar, pues el titilar de las estrellas, atrae a los peces a la superficie del agua.
Los diseños al ser representaciones estelares, giran alrededor del Sapuen notapa, pues en el pensamiento religioso del shipibo existe una cruz en la puerta y en el centro del cielo. Este es un tema que se repite obsesivamente.
El otro tema importante es el de la serpiente sagrada, que a la vez representa el agua y viceversa. La víbora es otro tema constante en estilización del que el shipibo sólo representa su lengua bífida, libre o encerrada en un cuadrado o en concéntricos, quizás la presencia constante de este animal sea para evitar su mordedura, siempre peligrosa y mortal.
La pipa, shinitapo, de arcilla o de madera, sirve para que el curandero místico unaya se comunique con los seres divinos mediante el humo mágico de su pipa ceremonial. El unaya pide que las lluvias vengan o se alejen, según las necesidades, o usa su pipa como elemento propiciatorio en sus sesiones curativas, para icarar con el humo (dardos mágicos imaginarios) a la persona que está cutipada, cuyo espíritu haya sido poseído por un ser divino.
Hay un objeto de forma oblonga con base aplanada llamado shuavenante, de poco uso actual, que era colocado en el órgano genital de la joven a quien se le ha cercenado el clítoris durante la pishta del baque honeti, fiesta del rito de la pubertad, una de las ceremonias más importantes en el ciclo vital de la mujer. A esta ceremonia. La púber se presenta ricamente ataviada y maquillada con pintura facial tradicional. Durante el acto, quizás, si lo más importante es que la sangre caiga sobre la tierra, signo de relación mítica de la fertilidad que habilita a la mujer para el matrimonio.
Hay por otro lado, algunas piezas que han dejado de fabricarse, como vasijas con patas trípodes en forma de cruz, en forma de manatí, los cántaros con decoraciones antropomorfas muy bien modelados y con facciones humanas. Es muy posible que estas obras tuvieran una función netamente ceremonial y fueran usadas en ritos que probablemente se han perdido ante la implantación de la religión católica.
Los objetos que subsisten hoy son la mayor parte de ellos de uso cotidiano. Los más abundantes son las ollas, quenti, que sirven para preparar comida, cocinar ají y la de mayor tamaño para preparar masato, el licor de yuca fermentada. Estas vasijas son decoradas con incisiones realizadas con las uñas alrededor del cuello de la vasija.
Según comentarios shipibos estos objetos no tienen espíritu y por eso no les hacen decoraciones con colores. Lo cierto es que al ser empleadas en la cocina, se negrean con el hollín producido por el humo, lo cual cubriría la decoración hecha con engobe, siendo sólo perceptibles las realizadas con incisiones.
Los shipibos usan dos tipos de platos, el quempo, conocido en toda la selva como mocahua, que sirve para beber líquidos y por eso tiene en la parte interna y externa decoraciones relacionadas con el agua; y, el quencha, empleado para comer y que sólo está decorado en la parte externa. Interiormente tiene el color de la arcilla o en algunos casos es negro, matiz proveniente del humo producido en la cocción.
La vasija más conocida de los shipibos es el chomo, cántaro en el que la mujer carga el agua del río para llevarlo a su población, lo lleva en equilibrio sobre la cabeza, con un grácil movimiento al caminar.
Ricamente decorado con diseños simbólicos, algunas veces este cántaro va acompañado por un tazón enkoate, especie de cucharón de cerámica y sujeto a un pedazo de caña, empleado para extraer el líquido de la vasija. El cántaro de gran tamaño, mahueta, que llega a medir hasta 120 centímetros, se utiliza para fermentar grandes cantidades del masato que se consumirá en fiestas y reuniones comunales.
Mención aparte merece una vasija de tamaño mediano y forma lenticular con dos cuellos gruesos dispuestos en forma opuesta, llamada chomo manchaya (coito) porque se asemeja a las piernas de dos personas. Esta es una de las representaciones más figurativas en la decoración de la cerámica shipiba.
La incorporación de los shipibos al resto del país ha significado un cambio en la producción de objetos artesanales. Aparte de los misioneros y colonos, los regatones, comerciantes mestizos, intercambian los productos de la selva, como pieles, animales vivos, caucho, artesanía, entre otros, por vasijas industriales de metal o plástico, machetes, cuchillos, escopetas, municiones, etc. Esto llevó progresivamente a una sustitución de los objetos utilitarios de cerámica por productos
industriales.
En este comercio los nativos siempre están en desventaja. Muchas shipibas para contrarrestar el abuso deciden viajar a poblaciones mestizas cercanas, como Masisea, Pucallpa y Contamana, aunque la estadía en esas ciudades les resulta onerosa por el gasto que les ocasiona su mantenimiento.
Actualmente ellos ya no se limitan a esperar que lleguen los regatones a cambiarles pieles y artesanías por sus objetos de plástico y carabinas. Los shipibos recorren hoy las principales ciudades del país buscando compradores y a pesar de este cada vez mayor contacto con el marcado, los temas, ornamentación y formas de sus trabajos artesanales se mantienen casi invariables.
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